Arte y aprendizaje en el aprendizaje de los niños

IMPORTANCIA DEL ARTE Y LA CREATIVIDAD EN EL APRENDIZAJE INFANTIL

Parafraseando al profesor Michio Kaku: el primer humano que pisará Marte está ahora mismo en preescolar, pintando con los dedos en una cartulina. Así empieza todo: en una ruidosa aula llena de niños con la ropa tiznada de manchas de témpera (y las manos, y la cara, como bien saben los padres). Hasta ese punto importa el fomento de la creatividad en el aprendizaje infantil.

El progreso de la humanidad sólo se produce cuando las personas encaran los desafíos y encuentran soluciones innovadoras que primero nacieron como un pensamiento, en la imaginación, antes de aportar consecuencias tangibles. Esas habilidades pueden enseñarse y aprenderse desde la primera infancia.

ENFOQUE ACTUAL DE LA CREATIVIDAD EN EL APRENDIZAJE

La creatividad en el aprendizaje es objeto de reflexiones teóricas y estudios empíricos, tanto en el campo psicológico como pedagógico. En la pedagogía contemporánea, las actividades destinadas a desarrollar el potencial creativo de los niños se reconocen como catalizadores del aprendizaje de nuevos conocimientos y, desde una perspectiva amplia, del desarrollo saludable de la personalidad.

Desde este enfoque, resulta necesario identificar, comprender y fomentar el potencial creativo en contextos educativos y vitales del niño. Apoyar la creatividad en el aprendizaje promueve la autonomía de pensamiento y las aptitudes para el descubrimiento, el aprendizaje y la curiosidad a lo largo de la vida

Según el psicólogo estadounidense Joy Paul Guilford, la creatividad es un proceso que implica: bien generar ideas y conceptos nuevos, o bien crear nuevas asociaciones entre ideas y conceptos antiguos para generar un producto nuevo y original.

Para Guilford, la docencia debe promover y conducir al desarrollo de un pensamiento complejo. Los profesores, además de transmitir contenidos disciplinarios y teóricos, deben diseñar una acción formativa que fomente el potencial creativo único de cada estudiante en particular.

¿DÓNDE QUEDA LA DIVERSIÓN?
El enfoque lúdico de la enseñanza infantil desempeña un papel fundamental en el desarrollo de las habilidades nemotécnicas y la concentración. El principal enemigo de la memoria, a la hora de retener un dato, es la tensión nerviosa. Mediante los juegos se pueden impartir conocimientos y, a la vez, mantener la atención de los pequeños. En resumen: aprenden jugando, sin darse cuenta.

Los juegos sirven para reforzar lo aprendido en clase e implantarlo en la memoria, en especial si son juegos autoconstruidos por los propios niños. En los trabajos manuales se reúnen la creatividad en el aprendizaje y la memorización de conceptos. Las manualidades, además de fomentar la actividad creativa y nemotécnica, también sirven para mejorar la motricidad fina de los niños más pequeños.

ARTE E IMAGINACIÓN: DOS CARAS DE LA MISMA MONEDA

El arte y la creatividad en el aprendizaje infantil desempeñan un papel fundamental en múltiples facetas de su desarrollo. Sin embargo, despiertan poco interés institucional y, dentro de los programas educativos, las disciplinas artísticas suelen ocupar un segundo plano respecto a las demás materias. Así, en los planes de estudio predominan las disciplinas que potencian el uso del hemisferio cerebral izquierdo, el del razonamiento, sobre el derecho, el epicentro emocional y creativo.

Numerosos estudios concluyen que, desde los primeros años de vida del niño, el arte contribuye a mejorar sus capacidades expresivas y favorece el aprendizaje lógico, matemático y lingüístico. También refuerza su autoconciencia y libera su potencial creativo innato. El arte, en última instancia, parece ser un factor decisivo en la evolución interior de un individuo y en su capacidad para resolver problemas.

Creatividad, intuición y curiosidad son elementos típicos del enfoque cognitivo infantil, que luego nutren su motivación y el placer por aprender. El famoso lema del método Montessori, “ayúdame a hacerlo yo mismo”, constituye una invitación al niño a experimentar su autonomía personal. El arte enseñado al niño asume una función de crecimiento individual y evolución social.

John Dewey, filósofo y pedagogo estadounidense, desarrolla la idea de que el arte es el medio idóneo de canalizar la energía creativa contenida en el niño. Para Dewey, el arte no debe considerarse, como una experiencia en sí misma: el fin último de la actividad creativa del niño no son los «artefactos» que crea, sino el desarrollo de su capacidad de observación, las habilidades mnemotécnicas y la creatividad para resolver desafíos.

Los niños necesitan la oportunidad de crear arte y desarrollar su imaginación, y también deben disponer de un espacio para expresar libremente su individualidad. Cada niño posee una serie de potencialidades emocionales, relacionales, sensoriales e intelectuales, y las intercambia constantemente en su propio contexto sociocultural. A través de la capacidad de interactuar entre diferentes lenguajes, los niños desarrollan su capacidad de crear estrategias de adaptación a los problemas que les presenta la vida.

LOS GENIOS TAMBIÉN FUERON NIÑOS

El llamado “Mozart español” Juan Crisóstomo de Arriaga, se ofendía cuando le consideraban un superdotado. Para el precoz maestro, el público no entendía que (a pesar del talento innato) su calidad compositiva y ejecución con el violín eran una consecuencia de que ensayaba diez horas diarias desde niño. En realidad no existen las musas, ni los momentos eureka, existen las consecuencias del entrenamiento de la creatividad.

Sin llegar a la dedicación extrema del maestro Arriaga, el arte o la imaginación no deben encorsetarse en la idea de que sólo sirven para convertirse en artista, porque en realidad sirven, como un aprendizaje de la habilidad creativa de la persona. Creatividad, entendida en el sentido más amplio del término, como la capacidad humana de resolver problemas de forma innovadora, contribuyendo a crear una sociedad cada vez mejor.

Ir arriba